Sobre el riesgo de que la filosofía se transforme en un saber esotérico
Para que la tarea filosófica resulte productiva, es necesario, además de producir textos filosóficos, reflexionar de tanto en tanto acerca del status de la filosofía en el contexto de su época. Ese es el objeto de la presente reflexión, la cual pretende demostrar que en nuestro tiempo, la filosofía, alejada del alcance de la inmensa mayoría de la gente, debido a su escasa presencia en los planes educativos y en los medios masivos de comunicación, está expuesta al riesgo de convertirse en un saber más o menos esotérico, es decir reservado para los “iniciados” en ella, ya sea aquellos que son profesionales en la materia, ya sea aquellos que se aproximan a la misma por un interés más o menos profundo y persistente . Eso no hace la diferencia, puesto que en ambos casos se trata de un número muy limitado de gente, alejados en sus intereses, sus conocimientos y sus problemáticas de la inmensa mayoría de la sociedad.
Lo esotérico es, según una definición bastante próxima al sentido etimológico del término, aquello que es hermético, cerrado e inaccesible para la inmensa mayoría, aquello que es reservado para una minoría selecta de iniciados que está familiarizada con una serie de símbolos y técnicas. Pareciera que nada está más alejado del esoterismo que la filosofía, es cierto que en la filosofía ha habido también una oposición entre un pensamiento exotérico – es decir al alcance de todos_ y un pensamiento esotérico, es decir reservado a un cierto número de discípulos; pero esto no niega el carácter esencialmente exotérico de la filosofía , la cual tiene su raíz histórica en el espacio abierto del ágora, y aspira a ser un saber universal y accesible a todos.; ya ha dicho Heráclito, en los comienzos mismos de la filosofía, que el Logos es común a todos, y Descartes, en la filosofía moderna, ha sostenido que la razón es la cosa mejor repartida del mundo.
Pese a todo lo antedicho, cabe preguntarse si la razón con la cual se desenvuelve hoy en día la mayor parte de la gente es la misma tematizada en sus reflexiones por los filósofos, como cabe preguntarse también si hoy en día la filosofía tiene alguna incidencia significativa en los medios de opinión, semejante a la que tienen los “pensadores rápidos “ o los formadores de opinión en general. La impresión que tengo es que el papel de la filosofía en la cultura _ el papel de la crítica más profunda y radical _ está siendo usurpado lentamente por otras manifestaciones culturales, y que la filosofía se está confinando cada vez más a los ámbitos académicos, en los cuales conserva su mérito ciertamente; pero pierde en gran medida su razón de ser.
La solución de este problema no es fácil, por supuesto, la difusión de la filosofía, su “ser puesta al alcance “ de la mayor parte de la gente, no puede consistir en su vulgarización, de lo contrario la misma se convertiría en otra disciplina, al perder la profundidad que la caracteriza; pero es necesario que la filosofía genere ámbitos desde los cuales pueda llegar a grupos cada vez mayores de gente, para evitar seguir cerrándose y recuperar el estado de apertura y deliberación que está presente, tanto en el origen como en el comienzo del filosofar.
Curiosamente, este “replegarse” de la filosofía sobre sí misma , este transformarse cada vez más en un saber de eruditos , casi de tipo esotérico, acontece en el contexto de una época en la cual los saberes tradicionalmente considerados como esotéricos , entre los cuales podemos citar a la parapsicología , la teosofía, los libros de autoayuda espiritual , los libros de los “metafísicos” etcétera, están cada vez más al alcance de todos , ésta es una de las contradicciones que nos muestra el profundo desconcierto del hombre de nuestra época.